domingo, agosto 10, 2008

Un sueño inoportuno

[Esta es la continuación del mail anterior]

Tengo un amigo que, entre otras cosas, es director de un campamento vacacional para niños de 4to a 6to grado. Hace poco llegó de su última actividad y me echó el siguiente cuento. Todas las mañanas los instructores del campamento hacen una revisión de las cabañas donde duermen los niños para asegurarse de que las cosas marchen... digamos que en orden: decomisan los foamys de contrabando, mandan a quitar los interiores sucios del piso, desamarran del tubo de la cama al gafo de turno, recogen al que se dio el guamazo cuando se cayó de la litera, etc. etc.

Una buena mañana uno de los instructores del campamento se acercó a mi amigo y le dijo "Gerardo, Fulanito (uno de los campistas) está llorando en su cabaña. Dice que le echaron pipí encima". Podrán imaginarse la reacción de mi amigo. Aquello no era ya una travesura. Inmediatamente estuvo dispuesto a llevar al paredón al culpable; a quien por cierto aún tenía que encontrar. Pero aún antes había que hablar con la víctima.

Lo primero que percibió mi amigo cuando entró a la cabaña del siniestrado fue el llantén del chamo. Era uno de esos llantos desconsolados que vienen acompañados de corcobeos y "sniffs". Se acercó poco a poco y le preguntó al chamín "¿A ver Fulanito, qué te pasó?". El chamo lo miró con ojos de becerro destetado "¡Me echaron pipiiií!".

Plum, nada, el hecho era cierto y estaba consumado. El veredicto debía ser firme, pensó mi amigo. "¿Dónde te echaron el pipí?", preguntó, intentando calibrar el grado de maldad de los felones infantiles. Entonces el niño, que hasta entonces había estado sentado en la cama y con la sábana hasta la cintura, se levantó despacio y, señalando con el dedo su zona púbica, dijo solemnemente "Aquí". Mi amigo siguió desconcertado la dirección del dedo y, al fin, se echó a reír: a todo lo largo y ancho del short beige del carajito había un manchón redondo y húmedo como un jaguey. A todas luces, nadie lo había fastidiado: el niño se había hecho pipí.

Se podrán imaginar la situación: mi amigo tenía que consolar al niño y al mismo tiempo... "¿Quién te echó el pipí Fulanito?" Pasaron unos segundos de silencio y el niño, ya sin gritar pero igual de desconsolado, respondió "Noo séee". Más sniffs y corcobeos. Mi amigo lo miró sonriendo "Mira, ¿y no será que te orinaste, Fulanito?" Uno, dos, tres segundos de mirada intensa y... cataplum "¡¡Buahhh!!". Todo estaba develado. "Sííí, me hice pipí".


***

Si alguien me preguntara cómo resumir en pocas palabras qué es el alivio, respondería sin vacilar que es el momento preciso en el que uno empieza a orinar después de haberse estado aguantando las ganas por dos o tres horas. Eso es el alivio. Pues bien, yo tuve uno de esos alivios memorables cuando tenía unos 12 ó 13 años. Sólo que hubo dos circunstancias que lo hicieron... especial:

1) No estaba en un baño (sino en una cama)
2) La cama no era mía

Ejjjeemm, no sólo no era mi cama, sino que esa noche me había quedado a dormir en casa de uno de los chamos más sifrinos de toda la bolita del mundo. Para que se hagan una idea del asunto, en el terreno de lo que antes era esa casa, hoy hay 3 edificios de lujo con estacionamiento incluido en la zona más cara de todo Maracaibo. Es decir, aquello era una catástrofe.

No, no sufro de aflojamiento de esfínteres. Tampoco uso Securezza: simplemente estaba soñando (con todo el realismo del que es capaz una imaginación adolescente) que estaba "aliviándome" (después de mucho aguantar) en el legítimo y familiar baño de mi cuarto. Además, ¡hacía frío en la casa esa! En fin, el hecho es que aquella fue la meada del milenio.

Claro que al ocurrir tamaña micción, la física hizo su trabajo: la humedad me llevó a ese inclasificable estado de seminconciencia que sigue al umbral del sueño. Recuerdo que aún en ese limbo, la manguera siguió prendida un rato más por la inercia, y finalmente, llegó la constatación conciente: "¡¡Mier..!!" Me senté en la cama como un resorte. Toqué para ver cuán profundo había sido el daño y la conclusión fue inclemente: la vaina había llegado hasta el boxspring.

Pónganse en mi lugar, ¿qué hubieran hecho ustedes? Me paré de la cama como una tarántula, sin hacer el más mínimo ruido. Miré pa los lados como un delincuente, sobre todo para asegurarme de que mi amigo siguiera dormido, y me fui derechito al baño. Allí busqué la toalla que me habían asignado la noche anterior y con ella empecé a estripar el colchón como si estuviera parando la hemorragia a un herido de guerra.

De más está decirles que aquello no tuvo remedio. Hice la cama con la mayor dignidad que pude y abandoné rápido aquel cuarto funesto. Como anticiparán, ese día me fui más temprano que nunca de la casa de mi amigo. “¿Por qué no desayunas con nosotros, Javier?” fue la pregunta desconcertada de la mamá de mi amigo, aún en bata. No hubo respuesta. “Si supiera señora”, fue lo que pensé. No sé cuánto tiempo pasó hasta que descubrieron al “muerto”, lo que sí sé es que todo ese tiempo no hizo más que empeorar el daño… Nunca más volví a casa de mi amigo.

Parece una tontería, pero a veces los seres humanos hacemos las cosas más estúpidas por las razones más absurdas, cuando en realidad el camino más corto es siempre ser sinceros. Nada, ¡hasta el próximo post!

[Para la vesión en e-mail: si quieren leer este artículo en su contexto original pueden ir a: guasacaca.blogspot.com]

1 comentario:

Unknown dijo...

Javi, qué chévere está el blog! ojalá que así como tú tratarás de ser constante en esto de blogear tus escritos, también pueda serlo yo en leerlos porque hasta ahora me han gustado mucho.
No sé si éste era el que querías que leyera, pero lo disfruté mucho y me reí también. Además me hizo recordar uno de esos "alivios" por los que pasé en el colegio cuando me dio miedo pedirle permiso para ir al baño a la maestra de inglés, que era una especie de gigante verde. La consecuencia: una laguna alrededor de mi pupitre. La estupidez: una niña se me acercó a preguntarme "¿te hiciste pipí?"
En fin, sigue escribiendo, por favor. Voy a ver si algún día te acompaño y creo mi propio blog jeje.
Ale