sábado, agosto 16, 2008

Anexo a "El retrato de Dorian Gray"

A petición de los lectores ("¿Pero, Javier, cuál es la trama de la novela?") voy a hacer una breve sinopsis cuidando de no contarles, claro está, nada que pueda echarles a perder la lectura.

Estamos en la Inglaterra de finales del siglo XIX: la que uno siempre se imagina en las novelas de Conan Doyle y Stevenson. Además, de repente, nos empezamos a mover dentro de los círculos aristocráticos de entonces: vivimos de rentas, tomamos el té y hablamos "gramínea" hasta el anochecer en los clubs privados. Tenemos sirvientes que nos despiertan en la mañana y nos compran los tickets para las funciones de la opera. Ah, y escribimos telegramas (que enviamos por el correo tradicional) para quedar con alguien... ¡en la tarde de ese mismo día! En fin, estamos en Londres.

Así las cosas, de pronto nos vemos en el estudio de un reconocido retratista, Basilio Hallward. El artista está empeñado en pintar a un joven aristócrata de 20 años, amigo suyo, que está posando para él: el enigmático e increíblemente bien parecido Dorian Gray. Mientras el pintor hace su trabajo, Dorian conversa con un amigo en común, Lord Henry Wotton. Lord Henry habla sobre la belleza y los placeres, y Dorian bebe de aquello con vehemencia. Hallward nota al joven más vivo que nunca.

Cuando el pintor termina el cuadro, no tiene palabras: es sencillamente una obra maestra, lo mejor que haya hecho jamás. Dorian mira el lienzo y queda sorprendido por el parecido. Lo mismo le sucede a Lord Henry. Todos contemplan el retrato con una especie de sobrecogimiento. Entonces Dorian, conciente como nunca antes de su propia belleza, pero sobre todo de su inevitable caducidad, hace una petición increíble: "Que yo nunca envejezca, que el cuadro envejezca por mí".

Esa petición es escuchada. Y ahí comienza la novela. El detalle está en que el cuadro no sólo envejece por Dorian, sino que tiene una propiedad aún más fascinante... Que la disfruten.

P.S. Para los que, como yo, odian las enumeraciones exageradamente exhaustivas, les digo que en este caso pueden brincárselas con total paz: no le agregan practicamente nada al relato mas que acentuar el sofisticado hedonismo del personaje. Las enumeraciones que hace el autor de las joyas de los reyes de Europa o de los objetos extravagantes que Dorian va coleccionando a lo largo de su vida son, a mi juicio, enteramente prescindibles.

¡Adieu!

1 comentario:

William E. dijo...

Sería interesante saber la opinión de Wilde acerca de la vivisección de su obra... Sacando las descripciones prescindibles y los comentarios parchitosos a lo mejor se reduce la novela a 20 páginas... posiblemente así, hasta me animaría a leerla ;)