martes, julio 14, 2009

Tiempo

Reloj de arena.
Los granos danzan de un cristal al otro:
Lo que soy se vacía y viaja. Se hace tuyo.

Y entonces tumbo el reloj.

La arena queda entre los dos,
incomunicada, dividida, incompleta.
Un poco a cada lado.

Se detiene el tiempo (en silencio).
Y duerme la arena... pero duele.

Duele como hace tiempo que no duele.
Duele ciégamente. Sordamente.

No tiene caso.

Levanto el reloj y todo pasa rápido
la arena recupera el tiempo perdido.
Un recipiente se vacía, otro se llena.
El mismo dilema. No se puede parar

Entonces llegan las luces.
Una diagonal acrobática, limpia,
que ralenta las cosas y las hace tersas.

Ahora hay espacio para pensar
para decir, para jugar quizá.

Se retrasa la hora
y las estrellas ríen
(hace cosquillas en sus órbitas).

Pero asienten...

Y dejan hacer por un tiempo
un poco nada más, pero un tiempo.

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