Suena la música.
Las luces del local atardecen:
es la obscuridad fosforescente de la noche remota.
La seda camina estilizada, haciendo curvas orgullosas.
Copas en la mano, poses, algún flash;
y luego risas vacías, confundidas entre el sonido del hielo y de los vasos.
Miradas esquivas: hay que ver sin ser visto, estirarlo todo.
Rostros perfectos, altivos, mejores que tú.
Idiota, contémplame, soy perfecta,
el mundo contemporáneo me lo ha dicho:
soy gótica, blanca hasta el astío, llena de arreboles.
Delgada, pétrea, alta como la aguja de Chartre.
Es así, tiendo al infinito. Toda seguridades, toda metal.
Camino sin ver, sin reparar.
Te he visto millones de veces pero ahora estamos aquí: no me pertenezco.
Mañana saldré en la prensa, segundo cuerpo.
Por eso no soy yo, soy alguien más.
Soy esta circunstancia frívola, esta pasión inútil.
El corazón está escondido, criogenizado hasta algún entonces.
Olvídalo, no camines más, no te acerques. Sigue fingiendo.
Porque ahora estamos aquí, y es de noche...
miércoles, abril 08, 2009
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